PUCHERO
CARNAVALERO
Entre serpentinas y confites, gustos y sabores
con la voz del falsete se encuentra presente
el Puchero Carnavalero, símbolo de sincretismo en
nuestra historia.
Si nos remontamos a
los orígenes del carnaval, lo tenemos en Grecia en un principio como las
fiestas de Baco (dios del vino), posteriormente en Italia surgieron los nombres
para los días que se festejaba junto a la iglesia católica, como en España y en
todo el continente Europeo.
Se llega a establecer
en América gracias a la colonia, donde las familias que migraban desde el
occidente al Nuevo Mundo llevaban con ellos sus costumbres, de esta manera es
que el Carnaval nace como una fiesta colonial, pero al no poder evitar la
mezcla con los rituales de nuestros pueblos indígenas se convierte en una
fiesta ritualizada, y tenemos como ejemplo el martes de ch’alla, el día de
peregrinación, el día pagano, el jisk’anata y elementos importantes de esta
mezcla como por ejemplo la implementación de la cerveza y el vino para la
ch’alla en vez de la chicha (el cual su origen es quechua) y entre estos el
famoso Puchero.
Se tiene dos partes
importantes dentro de la construcción del Puchero; la primera desde una
concepción histórica andina cultural y la segunda referida a las crónicas y
registros desde una mirada española.
Es cierto que las
raíces del Carnaval en todo el mundo se encuentran precisamente en la época
agrícola, celebrando la abundancia de la Tierra, de forma que los excesos, el
desenfreno, el rompimiento de normas, precisamente están enfocados a propiciar
la fertilidad y con ella la abundancia y la prosperidad.
Esta fiesta llegó
junto a la Colonia, circunscrita a la “Celebración de la Carne”, mientras que
por su parte el Anata (encuentro con la naturaleza) y el Jisk’anata festejo
andino se centraba en la retribución a la Madre Tierra.
El Jisk’anata, es una
celebración con origen en el calendario agrícola, donde todo el mes de Febrero
se agradece a la Pachamama por su fertilidad, que se relaciona erróneamente con
la festividad del Carnaval sólo porque se realizan en las mismas fechas. Debido
a este error dentro de nuestra historia es donde aparecen elementos que se
cambian, se transforman o son remplazados o introducidos, tal es el caso de la
ch’alla el cual fue introducido.
David Mendoza explica
que “en la fiesta, el campesino revisa si su papa está madura, abren el surco,
ofrecen el producto a la Pachamama, realizan la ch’alla y cierran el surco, he
de aquí Martes de Ch’alla.
La festividad se
celebra con danzas donde se distinguen aguayos vistosos y dentro de estos
aguayos se suelen llevan los primeros productos de las chacras. Muchas de las
danzas giran en torno a esta connotación de las celebraciones aimaras, y
representan el momento de floración de los campos. Y es este momento en el que
se realiza el conteo de ganado que se tiene y todo lo que es el sentido
propiciatorio donde se pide que al siguiente año se reproduzca más, “que se
multiplique”. Por su parte el ritual de las plantas se realiza en las chacras,
se las visita e incluso se realiza el intercambio de productos; en lugar de
papas grandes se dejan frutas dulces, membrillos, manzanas; que juntando el
producto anterior y lo que se lleva y se deja, es la base del Puchero, obteniendo
así el sabor dulzón en la sopa de carnes por las frutas cocidas.
Y como segunda mirada
tenemos que antiguamente el puchero tenía otro nombre el cual viaja desde
España como “Cocido”, que era la preparación de una sopa concentrada que tenía
cuatro carnes y algunas verduras, el valor monetario de esta sopa era un poco
alto por lo que solo se realizaba en días festivos. Wilfredo Camacho,
investigador socio cultural expone que este plato es el resultado de la
modificación o sincretismo del plato principal español y criollos durante la
época de la colonia, de esta manera se fue agregando y quitando ingredientes.
En aquella época,
familias adineradas (de clases media alta y alta) poseían grandes fincas o
casas de campo donde viajaban a realizar eventos, encuentros y otros, en este
caso nos centraremos en la actual ciudad de Cochabamba, y es aquí donde este
plato tiene una participación importante, porque cada familia preparaba una
receta distinta de puchero sobre una misma base. El aporte de los criollos es
el ahogado de ají amarillo en el plato; además de la incorporación de las
frutas de temporada, esto debido a la abundancia de fruta que existía en el
valle.
Esto a través de los
años prosperó, y entonces llegamos a nuestros días donde la identidad de clases
aún resalta en nuestras ciudades, y donde la gastronomía sigue arraigada a este
tema social, el cual dio lugar a festivales sobre este plato típico, en el cual
se reúnen más de 150 expositores y se entrega premios y certificados, como es
la “Feria del Puchero y Festival del Acordeón y Concertina” o “La Ruta del
Puchero”.
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